¿Las memorias de los padres pueden ser heredadas?

¿Nuestras personalidades y comportamientos son moldeados más por nuestros genes o nuestras circunstancias?

Si bien esta antigua pregunta de “naturaleza contra crianza” continúa alimentando los debates, un creciente cuerpo de evidencia sugiere que el entorno de los padres puede tener un impacto profundo en las generaciones futuras. De hecho, un estudio realizado en la Escuela de Medicina de Dartmouth publicado el pasado 9 de julio en eLife examinó cómo los factores estresantes ambientales que se aplican a las moscas de la fruta influyen en los fenotipos de sus descendientes.

“Si bien se piensa que el comportamiento codificado neuronalmente no se hereda de una generación a otra, quisimos probar la posibilidad de que las modificaciones provocadas por el ambiente puedan permitir que se herede la memoria de las experiencias de los padres”, explica la primera autora Julianna Bozler.

Cuando las moscas hembra son expuestas a las avispas parasitoides, que depositan sus huevos y matan a sus larvas, las moscas cambian su preferencia por alimentos que contienen etanol como un sustrato de puesta de huevos para proteger a sus larvas de la infección de la avispa. Para el estudio, las moscas de la fruta cohabitaron con avispas hembras durante cuatro días antes de que se recolectaran los huevos. Los embriones se dividieron en dos cohortes: un grupo expuesto a las avispas y otro no expuesto a las avispas. Ambas cohortes se desarrollaron hasta la madurez sin ningún contacto con moscas o avispas adultas.

“Descubrimos que las moscas originales expuestas a las avispas depositaban aproximadamente el 94% de sus huevos en el alimento con etanol, y que este comportamiento persistía en sus descendientes, a pesar de que nunca habían tenido una interacción directa con las avispas”, dice Bozler.

La preferencia por el etanol fue menos potente en la primera generación de crías, con el 73% de sus huevos depositados en etanol. “Pero sorprendentemente, esta preferencia heredada de etanol persistió durante cinco generaciones, volviendo gradualmente a un nivel expuesto a la pre-avispa”, dice ella.

“Esto nos dice que la herencia de la preferencia por el etanol no es un cambio permanente en la línea germinal, sino un rasgo reversible”.

Es importante destacar que el equipo de investigación determinó que uno de los factores críticos que impulsan el comportamiento de preferencia del etanol es la depresión del neuropéptido-F (FNP) que está impresa en una región específica del cerebro de la mosca hembra. Si bien este cambio, basado en parte en las señales visuales, era necesario para iniciar la herencia transgeneracional, tanto la progenie masculina como la femenina podían transmitir la preferencia del etanol a sus descendientes.

El autor principal Giovanni Bosco está entusiasmado con los resultados. “Esperamos que nuestros hallazgos puedan conducir a una mayor comprensión del papel que juegan las experiencias de los padres a través de generaciones en enfermedades como los trastornos de drogas y alcohol”, dice.

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